El brillo de la Luna, Leyendas Otori 03 by Hearn Lian

El brillo de la Luna, Leyendas Otori 03 by Hearn Lian

Author:Hearn, Lian [Hearn, Lian]
Format: epub
Tags: histórico
Published: 2010-04-12T17:36:19.263000+00:00


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Hizo una reverencia hasta tocar el suelo con la frente y dijo:

--Soy Ono Rieko, prima de la difunta esposa del señor Fujiwara. Pasé muchos años junto a la señora. Su señoría envió a buscarme para que iniciara los preparativos de la ceremonia nupcial. Os ruego que tengáis la amabilidad de aceptarme.

Dicho esto, la dama hizo otra profunda reverencia. Kaede sintió una antipatía instintiva por la mujer que tenía frente a sí. Su aspecto era agradable -Fujiwara nunca toleraría la presencia de una persona carente de atractivo-, pero se apreciaba en ella un carácter orgulloso y mezquino.

--¿Acaso tengo otra elección? -replicó Kaede con frialdad. Rieko soltó una risita aguda a medida que se iba incorporando.

--Estoy segura de que la señora Shirakawa cambiará su opinión sobre mí. Sólo soy una humilde dama, pero tal vez pueda aconsejaros sobre algunos asuntos -empezó a servir el té y prosiguió-: El doctor Ishida desea que toméis esta infusión ahora. Y, debido a que esta noche es luna nueva, el señor Fujiwara acudirá en breve a daros la bienvenida y a contemplar la luna en vuestra compañía. Bebed el té y a continuación me aseguraré de que vuestras ropas y peinado resulten apropiados.

Kaede dio un sorbo de té y luego otro; se encontraba sedienta e hizo un esfuerzo por no vaciar el cuenco de golpe. Estaba tranquila, apenas sentía nada; sin embargo, era consciente del lento bombeo de la sangre bajo las sienes. Temía encontrarse con Fujiwara, temía el poder que mantenía sobre ella. Era la clase de poder que todo hombre, dondequiera que fuese, ejercía sobre toda mujer, en todos los aspectos de su vida. Debía de haber estado loca al pensar que sería capaz de luchar contra tal circunstancia. Recordó con claridad las palabras de la señora Naomi: "Debo aparentar que soy una mujer indefensa; de otro modo, estos guerreros me aplastarían".

Y ahora estaban aplastando a Kaede. Shizuka le había advertido que su matrimonio enfurecería a la casta militar, que nunca daría su consentimiento. Pero si hubiera escuchado a Shizuka y seguido sus consejos, Kaede nunca habría pasado aquellos meses maravillosos junto a Takeo. Al pensar en él, sintió una punzada tan dolorosa, a pesar del efecto de la infusión, que resolvió ocultar ese recuerdo en los pliegues más recónditos de su corazón, al igual que había escondido los documentos de la Tribu en las cuevas secretas del Shirakawa. Kaede percibió que Rieko la observaba con atención. Apartó la cara con brusquedad y bebió un poco más de té.

--Vamos, vamos, señora Shirakawa -dijo Rieko con firmeza-. No debéis estar triste. Estáis a punto de contraer un excelente matrimonio

-se acercó un poco, arrastrándose sobre las rodillas-. Sois tan hermosa como dicen, a pesar de vuestra altura excesiva; pero vuestro cutis tiene cierta tendencia a mostrarse cetrino y ese aspecto afligido no os sienta bien. Vuestra belleza es la más valiosa de vuestras posesiones; debemos conservarla a toda costa.

Rieko tomó el cuenco y lo colocó en la bandeja. Entonces desató las cintas que sujetaban el cabello de Kaede y empezó a peinarlo.



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